El
objetivo del despacho es la defensa de los intereses del
cliente mediante el consejo, la mediación y la actuación
ante los Tribunales de Justicia si fuera necesario, sin
otro límite que la ética y la deontología
profesional.
Reivindicamos la estructura tradicional del despacho de
abogados porque permite:
- La
relación de confianza y flexibilidad con el cliente
- La
total accesibilidad para la atención directa de
sus intereses
- La
información fluida sobre la evolución de
los asuntos encomendados
- La
consideración a los aspectos emocionales del caso
- La
lealtad y confidencialidad
- La
eficacia y agilidad en el seguimiento de los expedientes
- La
no dispersión en tareas ajenas a la abogacía
- El
realismo: evitando pretensiones de difícil prosperabilidad
e informando al cliente de los pros y contras de cada
actuación
- La
fidelización: la satisfacción del cliente
redunda en nuestro interés